domingo, 6 de marzo de 2011

ROUCO DICE QUE ESPAÑA TERMINA EN GIBRALTAR



"[no] somos exactamente la Iglesia española. La Iglesia es católica y universal, no comienza en los Pirineos, ni termina en Gibraltar"

La relación de Gibraltar con la Iglesia Católica es, cuando menos, extraña. En 1704 los 6000 habitantes de Gibraltar dependían, en lo espiritual, de la Diócesis de Cádiz. Con la conquista británica, los habitantes de la Villa, empujados por el "celo" de los frailes y curas de la ciudad, que se negaban a permanecer bajo una autoridad "hereje" (en un acto que tendría trascendentales consecuencias históricas) abandonaron sus casas, llevando consigo lo que pudieron acarrear con sus brazos, incluidas por supuesto sus imágenes sagradas, para instalarse en la cercana aldea de San Roque. Apareció así la "Muy Noble y Más Leal ciudad de San Roque, donde reside la de Gibraltar", que sigue existiendo hasta ahora y manteniendo la población originaria de Gibraltar (y depositaria por tanto de cualquier hipotético "derecho de autodeterminación" de los gibraltareños).

Durante el siglo XVIII la diócesis de Cádiz y las autoridades vaticanas se negaron a aceptar ningún tipo de cesión de su territorio episcopal, y los católicos del Peñón continuaron bajo la jurisdicción espiritual de Cádiz, pero algo cambió a principios del siglo XIX. En ese momento las guerras napoleónicas envolvieron irremediablemente al Papado. Pío VII se enfrento a Napoleón y por tanto a Francia, estableció una alianza militar con sus enemigos ingleses. Roma, por tanto, enfrentada a Francia y España, se vio inclinado a reconocer la ocupación británica del Peñón. En 1806 (ah la Providencia, unos meses después de Trafalgar), el Papa segregó oficialmente Gibraltar de su diócesis histórica, Cádiz, apareciendo el Vicariato Apostólico de Gibraltar, subordinado directamente a Roma. El Vaticano daba así valor espiritual a la ruptura entre España y Gibraltar. En 1840 el vicario pasó a ser un obispo consagrado. Desde 1910, bajo Pío X, Gibraltar pasó a ser obispado, en un paso sólo equivalente al obispado de Mónaco, establecido décadas antes, en 1887.

Desde 1910 la Iglesia (Romana y Española) ha dejado en silencio la cuestión de la territorialidad de Gibraltar, de hecho el obispo de Gibraltar es invitado tanto a las reuniones de las Conferencias episcopales británica y española. Pero como han ustedes adivinado, el palomo cojea del pie inglés. El actual obispo no habla español. En la última visita del Papa al Reino Unido el obispo de Gibraltar estaba en primera línea. Y por último, y no menos importante, el obispado de Cádiz nunca se ha planteado reclamación alguna de recuperación de sus fronteras tradicionales. Se ve que no son catalanes y no merece la pena ir a Roma con pleitos sobre los Museos.

Pero por si a la tristeza de la pérdida le faltaba el escarnio de la befa, hoy, a Su Eminencia el cardenal Rouco, recién elegido Presidente de la Conferencia Episcopal española, se le ha escapado la realidad de la posición de la Iglesia sobre Gibraltar: España limita con Gibraltar. Sin contar el problema de dónde metemos a nuestros queridos compatriotas canarios, hay que reconocer en el desliz geográfico la constatación palmaria de lo que la Iglesia piensa de Gibraltar. NO ES ESPAÑA. Es asimismo curioso que el Gobierno de España, tan preocupado por desplazar cualquier rastro de reconocimiento diplomático internacional de Gibraltar, incluso empujando a la retirada de cónsules, (incluido el de los todopoderosos EEUU) acepta de buen grado que un estado soberano (El Vaticano), no sólo reconozca Gibraltar, sino que incluso empuje a su "rama nacional española" a hacerlo.

Se ve que las oscuras finanzas vaticanas, las tenebrosas cuevas gibraltareñas y los negocietes de los listos patrios de ayer, ahora y siempre, mantienen sus tejemanejes siglo tras siglo.